viernes, 26 de junio de 2009

A cazar se aprende cazando

"Debemos aprender de la naturaleza
a soltar, poco a poco y sin miedo,
a nuestros hijos, para que aprendan
a enfrentar y a resolver las situaciones
que se les presenten"

Hace unos días mi decidio una amiga dejar viajar a su hija a sola al exterior por unos meses. su "bebé", que ha sido protegida por ella y por toda la familia, estaba a punto de volar de su nido. Inmediatamente comenzó un proceso
de hacer preguntas para asegurarse de que había tomado la decisión correcta: ¿Será un error dejarla ir sola?, ¿debimos mudarnos y vivir con ella durante esos meses?, ¿quién la cuidará y la protegerá de los peligros de la vida?, ¿quién
le organizará sus cosas y le preparará la comida?... Sabemos que mentalmente podemos aceptarlo y hasta considerarlo muy positivo, pero en el corazón
lo vivimos con cierta dificultad.

Por eso, son muchos los interrogantes y los miedos que nos agobian como padres
al momento de soltar a nuestros hijos; sin embargo, al final, su esposo y ella decidio que tiene que aprender a volar, y que esta es su oportunidad para madurar,
ganar autonomía, y para ir por sus sueños, a pesar del deseo de mantenerla
a su lado.

La mayoría de los padres piensan que con una buena educación académica aseguran el porvenir de sus hijos, pero esto es una verdad a medias. Muchos jóvenes ya graduados salen a la vida ilusionados, creyendo que están listos para conquistar el mundo; pero, inexplicablemente, y sin saber cómo, se encuentran
no sólo atrapados en un trabajo que no les gusta... sino también divorciados,
sin motivación y frustrados.

La sobreprotección excesiva a nuestros hijos, y el deseo muy natural de evitar que pasen por las mismassituaciones de limitación y carencias que experimentamos nosotros durante la niñez, hacen que, sin querer, los convirtamos en personas inseguras, cómodas e incapaces de asumir el control de su vida adulta. Darles espacio desde pequeños para participar en la solución de ciertas situaciones familiares, para tomar algunas decisiones y para asumir responsabilidades de acuerdo a su edad y capacidad, les permitirá estar mejor preparados para autoconducirse y conseguir sus metas cuando llegue el momento.

La educación académica, por excelente que ésta sea, no es garantía absoluta de la felicidad o el éxito que una persona tenga en la vida. Para complementarla, hace falta la educación recibida en casa, donde a través del amor, la comunicación y el ejemplo se transmiten valores, herramientas y vivencias importantes para el desarrollo y la formación de nuestros hijos.

La salud mental, física y espiritual no dependen de un titulo universitario solamente. Un académico puede explicar por qué la economía del país puede ir bien o mal pero, tal vez no esté del todo preparado para hacer un buen negocio o para ganarse la vida como lo hace una persona emprendedora y recursiva.

Hay padres que siempre están muy preocupados por las notas y el promedio de sus hijos, invierten cantidades de dinero en colegios privados y costosas universidades, pero no saben o no son capaces de reconocer la importancia que tiene compartir con ellos las cosas realmente importantes de la vida que sólo se aprenden con el contacto directo, cariñoso y cotidiano.

Todos recibimos tres clases de educación: la de nuestros padres, la de la escuela y la de la vida.

El ejemplo diario les muestra cómo enfrentamos y resolvemos nuestros problemas, cómo tratamos a nuestra pareja, cómo hablamos de nuestros amigos, cómo pensamos, cómo aplicamos nuestros valores, cómo superamos nuestras debilidades, cómo reaccionamos a las circunstancias difíciles, cómo los tratamos a ellos y a sus hermanos… y esto los marcará positiva o negativamente de por vida, dándoles herramientas o limitaciones para el futuro.

Un tigre aprende viendo cazar a sus padres y luego cazando en el bosque por sí mismo, bajo la vigilancia de sus padres. Por eso debemos aprender de la naturaleza a soltar, poco a poco y sin miedo, a nuestros hijos, para que aprendan a enfrentar y a resolver las situaciones que se les presenten en la vida, mientras todavía estamos a su lado para apoyarlos.

¿ÁGUILA
o gallina?

'Un día un campesino encontró
un pichón de águila en la montaña. Como este aguilucho era muy alegre y vivaracho se encariñó
con él y lo crió en un patio con
las demás gallinas. A medida
que crecía, le cortaba las alas
y estaba pendiente de él. Le daba comida y le cortaba las uñas de
las garras para que pudiera escarbar y comer insectos como
los demás animales del corral.
Esta águila se volvió famosa.
Un día vino a visitar al
campesino un naturalista
que le dijo:

-'¿Qué hace esa águila que nació para volar en las alturas y erguirse en las montañas, amarrada, picoteando tierra y escarbando la basura como una gallina?'.
-'Bueno, es que siempre la he alimentado, le he dado cobijo y si la suelto se puede perder en las alturas, no la volvería a ver, se morirá de hambre y, a lo mejor, la atacarían las demás águilas con sus afilados picos y terribles garras. Prefiero que siga aquí en el corral, como si fuera una gallina'. El naturalista lo miró con seguridad
y le dijo apasionadamente:

-'Ella es un águila y su naturaleza es volar y cazar, para eso nació. Tal vez no pueda volar en este momento, pero ella tiene dentro de su pecho y en los ojos, la dirección del Sol y el llamado de las alturas. Confía en ella y déjala volar, permítele vivir su propia vida'.

Una mañana, salieron los dos muy temprano, rumbo a la montaña. Cuando llegaron a la cumbre, el sol nacía, y agarrando al águila con firmeza, con sus ojos ante el sol, la lanzó al abismo. El águila dudo, pero inmediatamente sintió el llamado de las alturas y torpemente movió sus alas. Poco a poco adquirió firmeza y altura, y se fue perdiendo en un vuelo pleno y cada vez más seguro en el azul del infinito cielo.

El campesino, con lágrimas en los ojos, dejó ir a su pequeña mascota. Al verlo, su compañero le dijo:

-'Tú has perdido a tu gallina, pero ella ha recuperado su vida. Será una imponente águila que adornará las alturas con su espectacular presencia'".

Déjalos VOLAR


Toma la decisión. Si se presenta la oportunidad de que tus hijos quieran hacer algo por sí solos, evalúa con cabeza fría las posibilidades, deja los miedos a un lado y piensa en lo que pueden ganar si tú los apoyas
a conseguirlo.


Confía. Todo es para bien, recuerda que la vida nos protege y siempre conspira para que todo salga de la mejor manera. Además, dentro de ellos se encuentran los valores y las herramientas que les has dado para afrontar la vida de manera exitosa.


Anímalos. En ningún momento los desanimes o les siembres el miedo. Déjalos ir con una sonrisa y con palabras que les muestren la confianza
y la seguridad que tienes de que serán capaces de salir adelante. Analiza con ellos todas las posibilidades que se les puedan presentar y dales tus sugerencias.


Crea un Plan B. Deja siempre una puerta abierta por si ellos necesitan ayuda y bríndales tu apoyo sin juicios o recriminaciones. Ten siempre una persona a quien acudir en caso de que algo no marche bien y nunca lo consideres un fracaso. Enséñalos a verlo como una experiencia que les servirá
a ellos y a ustedes como padres.

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